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domingo, 2 de febrero de 2014
El gran Dictador - Charles Chaplin
Lo siento.
Pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni ayudar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas.
Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.
Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura.
Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.
Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.
El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá.
Soldados.
No os entreguéis a eso que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir.
Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina.
Vosotros no sois ganado, no sois máquinas, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo lo que no aman odian, los que nos aman y los inhumanos.
Soldados.
No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. El el capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios no está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres…” Vosotros los hombres tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre y hermosa y convertirla en una maravillosa aventura.
En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.
Luchemos por el mundo de la razón.
Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.
Soldados.
En nombre de la democracia, debemos unirnos todos.
viernes, 31 de enero de 2014
Carta de reclamaciones
A lo mejor en los baches es dónde te des cuenta de lo que realmente vale la pena, de lo que de verdad te interesa, en la gente que quieres tener en tu vida y la gente por la que no moverías ni un dedo ya que ellos no se atrevieron ni a pestañear por ti. Tal vez creamos que es una exageración decir que lo que un día fue tu vida normal, ideal, y plagada de gente orgullosa de ti, al día siguiente se convierta en gente que te apoya indefinidamente solo hasta el punto en el que consiguen lo que buscan, esos amigos itinerantes, esas actividades sin valor pasados los días, esas canciones olvidadas por las que hubieras ido a cualquier concierto.
Hoy podría quejarme de todo, de cómo está el universo, de las preocupaciones del primer mundo, de que aún sigue habiendo gente que piensa que los problemas con alcohol se van, y que si no sirve para eso están las drogas. Estoy harta de pensar en el qué dirán o pensarán, cosa que por mucho que digan todos el típico ''me da igual lo que digan'', no es verdad, el autoengaño es el primer paso. Estoy harta de callar cuando sé que tengo la razón sólo por respeto, no aguanto a la gente dependiente de los demás que se sienten bien siendo así, nunca entenderé cuál será su futuro siendo una chinche que chupa de los demás. Odio no tener los huevos suficientes como para pensar algo que me gustaría hacer y hacerlo en ese mismo instante, el miedo que siempre te echa atrás en cada cosa que quieres hacer.
Odio tener siempre que aguantar el control y cuando se pierden los estribos echarle la culpa al mal día cuando en realidad lo haces porque te dio la gana. Tampoco sabré si la hipocresía acabará algún día o si la gente que se toma mal la opiniones de los demás comenzarán a pensar un poquito más en mejorar. La gente orgullosa que cree que no hay nada mejor que ellos, que nadie sabría hacer algo mejor que ellos, que no les cabe en la cabeza el que una persona ''aparentemente inferior'' haya podido hacer algo que él o ella no sabe.
Duele ver como todos quieren cambiar el mundo y nadie lo hace, todos aparentan ser buenos con todos y en sus casas se dedican a maldecir a todos aquellos que han hecho algo que les ha molestado, luchar por libertad condenando a aquellos que no tienen tus mismos intereses.
El ''perdono pero no olvido'' que tanto daño hace, el fallo que no es posible perdonar pero que tú mismo haces y tiene que olvidarse, los juegos sucios en los que todo vale salga quien salga perjudicado.
Quizá algún día nos demos cuenta de que esto nunca cambiará, que podremos quitar el hambre de mundo en una parte, pero en otra se seguirán comiendo a sí mismos, que podemos echar a los corruptos o manipuladores, pero al fin y al cabo, cualquier persona tiene su lado malo, y a lo mejor es algo con lo que tenemos que convivir.
Hoy podría quejarme de todo, de cómo está el universo, de las preocupaciones del primer mundo, de que aún sigue habiendo gente que piensa que los problemas con alcohol se van, y que si no sirve para eso están las drogas. Estoy harta de pensar en el qué dirán o pensarán, cosa que por mucho que digan todos el típico ''me da igual lo que digan'', no es verdad, el autoengaño es el primer paso. Estoy harta de callar cuando sé que tengo la razón sólo por respeto, no aguanto a la gente dependiente de los demás que se sienten bien siendo así, nunca entenderé cuál será su futuro siendo una chinche que chupa de los demás. Odio no tener los huevos suficientes como para pensar algo que me gustaría hacer y hacerlo en ese mismo instante, el miedo que siempre te echa atrás en cada cosa que quieres hacer.
Odio tener siempre que aguantar el control y cuando se pierden los estribos echarle la culpa al mal día cuando en realidad lo haces porque te dio la gana. Tampoco sabré si la hipocresía acabará algún día o si la gente que se toma mal la opiniones de los demás comenzarán a pensar un poquito más en mejorar. La gente orgullosa que cree que no hay nada mejor que ellos, que nadie sabría hacer algo mejor que ellos, que no les cabe en la cabeza el que una persona ''aparentemente inferior'' haya podido hacer algo que él o ella no sabe.
Duele ver como todos quieren cambiar el mundo y nadie lo hace, todos aparentan ser buenos con todos y en sus casas se dedican a maldecir a todos aquellos que han hecho algo que les ha molestado, luchar por libertad condenando a aquellos que no tienen tus mismos intereses.
El ''perdono pero no olvido'' que tanto daño hace, el fallo que no es posible perdonar pero que tú mismo haces y tiene que olvidarse, los juegos sucios en los que todo vale salga quien salga perjudicado.
Quizá algún día nos demos cuenta de que esto nunca cambiará, que podremos quitar el hambre de mundo en una parte, pero en otra se seguirán comiendo a sí mismos, que podemos echar a los corruptos o manipuladores, pero al fin y al cabo, cualquier persona tiene su lado malo, y a lo mejor es algo con lo que tenemos que convivir.
jueves, 23 de enero de 2014
Planes
Nunca nos hemos fijado la cantidad de tiempo que se pierde hasta que te das cuenta de que ya no tienes tiempo. La mayor parte de ese tiempo lo pasamos pensando en qué aprovecharemos ese tiempo en un futuro, cercano o lejano. Pensamos en qué haré de comer, qué veré en la tele, qué libro leeré, qué tengo que decirle a mi amigo o qué me pondré mañana. Es posible que opines que planear las cosas no está mal, que gracias a eso sabes qué hacer en cada momento, posiblemente creas que es una locura no saber que harás a la hora siguiente. Es realmente malo sentirte indefenso por no saber qué hacer en cada momento, y ahí es cuando surge nuestro carácter innato, las cosas que hacemos o decimos sin pensarlo, de las que después quizá estés arrepintiéndote bastante tiempo. Pero a veces te das cuenta de que las mejores cosas de la vida son las que surgen sin buscarlas, de pronto, de un momento a otro, en las que no te de tiempo de pensar, sólo de reaccionar. Esas son las cosas que de verdad hay que disfrutar, ya que lo más seguro es que no se repitan nunca.
viernes, 3 de mayo de 2013
Maxwell
''Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que te dirá que no lo hagas, cuando vean que no te pueden detener, te dirán cómo lo tienes que hacer, y cuando finalmente vean que lo has logrado, dirán que siempre creyeron en ti''
miércoles, 1 de mayo de 2013
lunes, 29 de abril de 2013
José Saramago (1922 - 2010) escritor portugués
"No
creo en Dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de
serintolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo.
Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia,en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en Dios, no lo necesito y además soy buena persona''
domingo, 28 de abril de 2013
lunes, 15 de abril de 2013
Passenger - Let her go
Well you only need the light when it’s burning low
Only miss the sun when it’s starts to snow
Only know your lover when you let her go
Only know you’ve been high when you’re feeling low
Only hate the road when you’re missin’ home
Only know your lover when you’ve let her go
And you let her go
Only miss the sun when it’s starts to snow
Only know your lover when you let her go
Only know you’ve been high when you’re feeling low
Only hate the road when you’re missin’ home
Only know your lover when you’ve let her go
And you let her go
domingo, 14 de abril de 2013
Raquel Martos
Resulta
que ayer fue el Día Internacional del beso. ¿En qué estaría pensando yo
para no celebrarlo? Con lo fan que soy del beso, de besar, de que me
besen… Y me he puesto a investigar el origen de la fecha señalada y
resulta que surgió gracias al beso más largo de la historia: 46 horas 24
minutos y 9 segundos. ¿Casi 50 horas? ¿Un vuelo Madrid- Nueva Zelanda
de ida y vuelta? ¿Casi un fin de semana sin hacer otra cosa que besar?
Ni poner lavadoras, ni hacer la compra, ni cervecear con los amigos…

Soy
de las que opina que al día le faltan horas, que en algún momento de la
historia, alguien metió un recorte al día y nos lo comimos con patatas
sin escrachear ni nada, porque a mí, desde luego, con veinticuatro horas
no me da para hacer todo lo que tengo que hacer, besar incluido. A
veces, voy tan acelerada que mando los besos por whatsapp y hasta los
abrevio: Bss, Bs, Mua o pego un icono de esos que tiene un corazoncito
junto a los labios y me quedo tan ancha. Imagínate sacar 46 horas 24
minutos y 9 segundos para besar, tendría que hacerlo durante un año
sabático.
Por
otra parte, un beso de 50 horas pierde la esencia ¿no? ¿En qué momento
deja de ser beso y empieza a ser rutina o centrifugado? A mí esto me
pasa con los gin tonics. Me gusta proponerlos, imaginármelos, pedirlos,
experimentar con nuevas ginebras y combinar con tónicas envasadas en
botellas bonitas- de esas que dan ganas de coleccionar- y me encanta
probarlos. Pero, una vez que me pongo a ello, me duran mucho, demasiado.
Y al cabo de un rato, cuando todos han acabado su copa, sigo yo
mareando la mía, dando sorbitos de pájaro, hasta que mis amigos deciden
que es hora de marcharse y acabo diciéndole a alguien : “Acábate mi gin
tonic, que no quiero más”. Pues con los besos igual, 50 horas de beso me
parecen muchas horas, seguro que acabaría diciéndole a alguna amiga:
“Oye, sigue besándolo tú, hija, que yo no me voy a terminar este beso…”
Los
besos no son más besos por la duración, sino por las ganas, por la
necesidad de darlos, porque como decía alguien a quien conocí y que
besaba realmente bien: “siento que al besar se me sale el alma por la
boca”. Me gustó tanto que se lo copié y lo integré en mi primera novela,
que se te escape el alma por la boca es la mejor definición de aquellos
besos inevitables, incontenibles, los que provocan electricidad, esos
que, después de darlos, te dejan la sensación de que podrías morirte
sabiendo que has conocido la excelencia.
Tuve
un novio en la adolescencia que decía que besar es acariciarse por
dentro y también me gustó su sentencia. Bueno, es que él me gustaba
mucho y todo lo que decía me sonaba muy bien, hasta que lo dejamos y
pensé que por mí podía ir a acariciarse por dentro con el mismísimo
Satanás, porque a mí no me besaría nunca más. Con los años dejé de tener
malos pensamientos y ahora nos mandamos “muas” por whatsapp, tan
amigos.

Claro,
una habla de besos y podría parecer que sólo se refiere aquellos que le
das a alguien que te atrae de aquella manera, pero no. Cuando hablo de
besos, hablo de todos, de los que le das a tu madre en un intento de
volver a anudar el cordón umbilical que te unía a ella hace taitantos
años; los que te dan tus sobrinos, que te barnizan de babas mezcladas
con caramelo; los que les das a tus amigas, a tus amigos, esos que
están, los que siempre están; los que le diste a tu padre cuando sabías
que quedaban pocas ocasiones para besarlo; los que le das a un
desconocido tratando de demostrar, con un solo gesto, que quieres
acogerlo, integrarlo, hacer que se sienta bien; los que le das a alguien
que sabes que no suele recibirlos y que provocan un brillo instantáneo
de ojos en el receptor y el emisor; Y hasta los de mi gato.
Sí,
un día le pregunté a Carlos, mi amigo veterinario, si era conveniente
besar a mi gato – nunca en el hocico, que en eso soy estrecha y
escrupulosa a partes iguales -. No sabía yo si comérmelo a besos- en
plan inglesa solterona de novela- sería buena idea, que los gatos son
muy suyos…Y Carlos me dijo que sí, que él lo interpretaría como una
muestra de cariño como otra cualquiera. Y comprobé que era cierto, que
lo agradecía con un gesto inequívoco, cerrando los ojos e inclinando la
cabeza, o sea, como tú, como yo, cuando llega alguien y te besa en el
cuello. Jura que no cierras los ojos e inclinas la cabeza tratando de
pegarla a tu hombro. Y a tu hombre… o mujer.
Besar
es un placer genial, sensual, que habría dicho la gran Sara Montiel si,
en vez de tener cerca la boquilla de una pipa, hubiera tenido la boca
deseada. Besemos por encima de nuestras posibiulidades y no seáis ratas,
que no se gastan. Besos para todos.
NOTA
DE LA AUTORA: Si me dan a elegir entre besito, besote o besazo – eso
que nos ha dado a todos por decir últimamente- me quedo con beso, así
sin más. Ni menos.
martes, 19 de marzo de 2013
Friedrich Wilhelm Nietzsche
El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido
por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado.
Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno
mismo.
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